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Enseñarles a nuestros hijos a hablar de sus emociones

Enseñar a nuestros hijos a hablar de sus emociones: un regalo para toda la vida

Esta tarde viví uno de esos momentos que parecen insignificantes, pero que al final te dejan una gran lección.

Mi hija menor quería alcanzar el tarro de las galletas, pero no podía. Poco a poco empezó a sentirse frustrada. Su carita cambió, su cuerpo se tensó y pude notar que algo estaba pasando dentro de ella. Me acerqué, la abracé y le dije que estaba bien sentirse así, que a veces todos nos enojamos cuando las cosas no salen como esperamos.

Le pregunté con calma: “¿Qué pasó? ¿Cómo te sientes?”

Ella sabía que estaba enojada. Lo notaba en su expresión, en sus movimientos, en el tono de su voz. Pero no encontraba las palabras para decirlo. En lugar de responder, se echó a llorar.

En ese momento comprendí que, incluso cuando nuestros hijos sienten una emoción, muchas veces aún no saben cómo nombrarla ni cómo expresarla. Y eso me hizo pensar en algo muy importante.

Como padres, solemos preocuparnos por darles a nuestros hijos todo aquello que tal vez nosotros no tuvimos: una buena educación, un hogar seguro, oportunidades para crecer y un futuro lleno de posibilidades. Trabajamos duro para satisfacer sus necesidades, celebramos cada uno de sus logros y hacemos sacrificios para que nunca les falte nada.

Pero hay un regalo mucho más profundo, uno que no se puede comprar y que puede acompañarlos toda la vida: enseñarles a reconocer, expresar y manejar sus emociones.

Hablar de salud mental desde la infancia no significa pensar que nuestros hijos tienen un problema. Significa darles las herramientas para entender lo que sienten, aprender a expresarlo sin miedo y enfrentar los desafíos de la vida con confianza, resiliencia y seguridad emocional.

Crecimos en una cultura en la que, en muchas familias hispanas, se ocultaban las emociones; escuchábamos frases como:

  • “Los niños no lloran”.”
  • “No exageres”.”
  • “No es para tanto.”
  • “Tienes que ser fuerte.”
  • “No hagas berrinche.”

Aunque estas expresiones surgen, muchas veces, del amor o de la forma en que nos criaron, pueden enseñar a los niños que sentir tristeza, miedo o ansiedad está mal.

Con el tiempo, muchos aprenden a reprimir lo que sienten en lugar de expresarlo.

Y cuando no se expresan las emociones, no desaparecen. Se acumulan.

Pueden manifestarse como estrés, ansiedad, enojo, baja autoestima o dificultades para relacionarse con los demás.

Las emociones también se enseñan

Las emociones también se enseñan<br />

Así como les enseñamos a nuestros hijos a caminar, a leer o a lavarse los dientes, también podemos enseñarles inteligencia emocional.

Un niño no nace sabiendo cómo lidiar con el miedo, la frustración o la tristeza.

Necesita que un adulto lo acompañe y necesita escuchar:

  • “Entiendo que estés triste.”
  • “Está bien sentir enojo.”
  • “Cuéntame qué pasó.”
  • “Estoy aquí para escucharte.”

Cuando un niño se siente escuchado, aprende que sus emociones tienen un lugar seguro.

Y eso refuerza su autoestima.

La salud mental comienza mucho antes de la adolescencia

Muchas personas creen que la salud mental solo debe preocuparnos cuando surgen problemas graves.

La realidad es otra.

La salud mental se desarrolla desde los primeros años de vida.

Cada conversación, cada abrazo y cada momento en el que un niño se siente comprendido fortalecen su bienestar emocional.

Los niños que aprenden a expresar lo que sienten suelen desarrollar mejores habilidades para:

    • Resolver conflictos.
    • Manejar la frustración.
    • Crear relaciones saludables.
    • Pidan ayuda cuando la necesiten.
    • Adaptarse a los cambios.
    • Desarrollar una mayor autoestima.

1. Hacer preguntas para involucrarnos en sus vidas

En lugar de hacer preguntas que se responden con un “bueno”, intenta preguntar:

  • ¿Qué fue lo mejor de tu día?
  • ¿Hubo algo que te hizo sentir triste?
  • ¿Qué te hizo sonreír hoy?
  • ¿Hay algo que te preocupe?

Estas preguntas ayudan a los niños a identificar sus emociones.

2. Ponle nombre a tus propias emociones

Los niños aprenden observando.

Puedes decir:

  • “Hoy me sentí un poco estresado en el trabajo.”
  • “Estoy feliz porque pasamos tiempo juntos.”
  • “Me sentí frustrado, pero respiré hondo y me tranquilicé.”

Así es como entienden que todas las emociones son normales.

3. Valida lo que sienten

Lo que a un adulto le parece pequeño puede ser enorme para un niño.

En lugar de decir:

“No pasa nada.”

Prueba con:

“Entiendo que esto fue importante para ti.”

La validación no significa estar de acuerdo con todo; significa reconocer lo que el niño está viviendo.

4. Enséñales que pedir ayuda es una fortaleza

Hablar con un maestro, un familiar, un consejero o un profesional de la salud mental no es una señal de debilidad.

Es una muestra de valentía.

Cuando hacemos que pedir ayuda sea algo normal, reducimos el estigma en torno a la salud mental.

Artículo de Wendy Cantú, coordinadora del programa del equipo de atención bilingüe del condado de Building Hope Summit. Si tienes una historia para compartir, contáctala en wendy@buildinghopesummit.org.

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